Una perla al día

sábado, 5 de abril de 2008

Traiciones íntimas


Resulta relativamente fácil engañar a la propia conciencia, incluso a los que nos rodean y encontrar excusas que sostengan el disfraz moral elegido. Lo malo es que los hechos suelen ser delatores inexorables. Reprochar conductas viciadas en los demás, nos proporciona una perspectiva amable de nuestro ego que nos hace sentir capacitados para juzgar al prójimo.
Todos de una manera u otra lo hacemos, pero si aquello que criticas es lo que tú haces, te quedas con el culo al aire y necesitarás esconderte de ti mismo.
Nos escandalizan sobremanera aquellos que se sirven de organizaciones que dedican sus esfuerzos en pro de la defensa del bien común, para medrar individualmente y sin dudarlo levantamos nuestro dedo acusador y reprobamos su actitud. Un sindicalista, que expresa que la huelga no va a conseguir nada y quiere convertirlo en argumento para no secundarla, y evitar que le descuenten sus emolumentos, no está habilitado para señalar a los que sin estar en ninguna estructura sindical deciden no secundar el paro.
Por ética personal y sin la menor intención de ser ejemplo de nadie, siempre haré la huelga, aunque no esté de acuerdo con ella.
Un hombre tiene que tener siempre el nivel de la dignidad por encima del de su bolsa y de su miedo. Un hombre no se hace cumpliendo años, se hace intentando llegar a sabio antes que a viejo sin traicionarse a sí mismo creyendose a salvo del juicio de los demás. Aunque la ciudad parezca dormida siempre hay algún insomne que te descubrirá.

1 comentario:

Ana Belio dijo...

Los juicios premeditados hacia los demás, son una falta de respeto pero en realidad es hacia nosotros mismos.