Una perla al día

sábado, 20 de febrero de 2010

El pan nuestro de cada día...

No es que vaya a rezar un padrenuestro. A estas alturas no ando por esos derroteros.
La otra mañana, en compañía de mi buen amigo Justo Alias, mientras esparabamos, entramos en una Cafetería/Tahona junto a la Puerta de Alcalá. El olor de los panes recién hechos, me transportó un instante a los tiempos en los que todo era más brillante. Era la época en la que soñabamos que el mundo era nuestro, que lo podíamos cambiar, que convertiríamos este albañal en un lugar más limpio y justo.
Que paradoja, entonces el capitalismo no mostraba fisuras, y sin embargo corrían vientos de revolución, había conciencia de clase, voluntad de cambiar lo que estaba mal...Hoy que el capitalismo salvaje y enseña su peor rostro, el miedo y el egoísmo nos atenazan. Izquierda y derecha han demostrado su fracaso fehacientemente y el centro se ha poblado de oportunistas sin vergüenza.
De vez en cuando, una catástrofe natural, le toca un poco el ala del sombrero a Pepito Grillo. Entonces mandamos un kilo de arroz (del barato) a través de una ONG y nuestra conciencia vuelve a refulgir como una patena de oro.
No es que me de por derrotado, pues mi sangre está poblada de antiguas adargas que buscan molinos donde partirse para cumplir su destino, y unas veces quebrarán su punta contra MRW, otras contra... la guerra, la pederastia, la prostitución infantil, la bajeza moral de nuestros políticos, el uso interesado de las religiones, el maltrato...

Que bien olía el pan con matequilla y el café de esas mañanas de domingo repletas de luz.

2 comentarios:

Lento caminar dijo...

Querido Arturo, tenemos que convertir este albañal en un lugar que desprenda perfume. No quiero que sea más justo, que sea justo simplemente.

Ahora, como antes, el capitalismo tampoco muestra fisuras, sabe administrar muy bien sus intereses. Ya ha conseguido que nos traguemos el sapo del rey-mercado y solamente vemos la cartera y el empleo (debemos mirar con los ojos cerrados, porque no vemos lo mal que tenemos las dos cosas) y si ambos hay que conseguirlo a cualquier precio, eso no importa, la dignidad no da dinero, es una antigualla. ¿Estamos confundidos, somos miedosos?. Cuando pensamos, ¿renunciamos a llevar nuestro pensamiento a feliz término, o por el contrario la televisión nos impide pensar?.
Que bien olía el pan con matequilla y el café de esas mañanas de domingo repletas de luz. Es más penetrante el olor de la libertad.

Arturo dijo...

Quizá era ese el olor, Miguel Ángel.