Una perla al día

jueves, 28 de octubre de 2010

La prescripción de la decencia




Soy padre de una preciosa niña de 9 años y quizá por ello sea particularmente sensible a las noticias sobre pederastia y abusos a menores. Quizá también por eso me hierva la sangre cuando veo que gran parte de la sociedad mira para otro lado, dependiendo de quién sea el delincuente.

No puedo silenciar el profundo asco que me produce leer los párrafos en los que Sánchez Dragó, confiesa haber mantenido relaciones sexuales simultáneas con dos niñas japonesas de 13 años.

Cuando este sujeto empieza a promocionar su libro por distintas cadenas, lo define cómo la transcripción sincera de sus conversaciones con Boadella, en las que hablaban de hechos reales y biográficos. Ahora cuando se ha visto obligado a retractarse dice que se inventó la edad para darle un poco de pimienta a la historia. Sólo un pervertido de tomo y lomo puede pensar que darle picante a un relato consiste en bonomizar actos aberrantes.

Confesó, que lo cuenta ahora que el delito ha prescrito (creo recordar que transcurridos más de 20 años no puede ser imputado), pero me gustaría que la fiscalía actuara de oficio, ya que la difusión pública y la incitación directa a cometer un delito cómo este puede considerarse apología del delito (si mi maltrecha memoria no me traiciona era el art.18 del Código Penal).

Alguien que reconoció, no hace mucho que le escribían los libros, que defiende que le gustan las adolescentes de 15 años con "el chochito rosáceo", y que le hubiera gustado ser sodomizado por un "cura asqueroso" o violado por una novicia, no puede estar ni un minuto más al frente de un programa en una televisión pública, por muy amigo que sea de la Condesa.


Ya que la ley no parece que le alcance, la sociedad (si estuviera sana), debería condenarle al ostracismo, la exclusión y el escarnio público sin paliativos. Condenarle a caminar solo en la oscuridad del desprecio, pues los delitos prescriben pero en su caso, si alguna vez la tuvo, lo que realmente ha prescrito ha sido la decencia.


Hace tiempo que le veía cómo un plomo, a partir de ahora le veré con repugnancia, durante los segundos que tarde en cambiar de canal. Seguramente tanto eyacular para dentro le ha llenado el cerebro de líquidos venéreos.

2 comentarios:

Cristina Catarecha dijo...

No tengo palabras aunque sí muchas ideas al respecto.
Acabo de oir unas declaraciones de esa Condesa haciendo referencia a que "eso" es "solo literatura" y que tendríamos que saber distinguirlo.
La madre que la parió.

Arturo Carrasco dijo...

Ha comparado a este sujeto con García Márquez. Utilizando estos símiles demuestra lo que sabe de literatura. Conviene recordar que pensaba que Saramago era una actriz llama Sara Mago. Posiblemente, la Condesa, no haya leído "100 años de soledad" de un premio Nobel y por supuesto tampoco el ladrillazo de "Gárgoris y Habidis" del repugnante Fernandito.