Una perla al día

viernes, 29 de agosto de 2008

...y en polvo te convertirás


Hace casi nueve meses, en un día muy semejante al de hoy, en un rincón cubierto de arena escribí con este mismo palo, estás palabras:

A veces el desierto se transforma en un bosque, de abedules de hojas amarillas, salpicados de hayas ancianas con hojas sangrientas, que esperan el abrazo del otoño.

En esta infinita arboleda duermen los violines, mientras el aire se puebla de fantasmales notas musicales que intentan despertarlos.

Allí en un rincón, un stradivarius, acurrucado en la falda de un abedul, recuerda la amada mano que acarició sus cuerdas. Caricias que pagó siempre con los más hermosos sonidos que su alma era capaz de crear.


Pronto, el musgo que ya cubre el barboquejo y trepa hacia su cordal, cubrirá su cuerpo y en su inexorable ascenso, lo vestirá de verde desde la escotadura a la tabla de armonía. La humedad desfigurará su antaño noble madera, irá llenando de grietas el brillante barniz de su cara y poco a poco se irá pudriendo hasta fundirse cariñosamente con la tierra.

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