Una perla al día

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sábado, 15 de noviembre de 2008

Decepción

Es una palabra que nunca me ha gustado y a la que le profeso una profunda inquina. Sobre todo, cuando funciona cómo una terrible barrendera detrás de ilusión. Me reconozco fan de ilusión, lo cual en multitud de ocasiones me ha convertido en iluso y aunque me resisto a la compañía de la decepción, esta es perseverante.
A medida que los años me van dejando su huella moral (la física es evidente), voy atesorando, recibiendo y amontonando muchas. Unas son con minúscula y otras con mayúscula y negrita. Las pequeñas cómo aquella nota de un examen, la derrota de tu equipo favorito, el sabor incongruente del plato que has pedido, el final de la película mal concebido...Las mayúsculas en cambio suelen coincidir con las relaciones humanas y son mucho más dolorosas. La DECEPCIÓN suele convertirse en el heraldo que precede a traición, olvido o dolor.
Cuando alguien te muestra su lado más amable, y le tiendes la mano tantas veces cómo lo necesite, sin esperar nada a cambio. Cuando se establece una complicidad especial y de repente sin mediar explicación desaparece esa persona, y descubres objetivamente lo que poco que significabas para ella. Entonces, sólo entonces aparece DECEPCIÓN, causando un pesar directamente proporcional al aprecio que sentías.
Si fuera académico propondría el destierro del uso de esta palabra.

viernes, 31 de octubre de 2008

La caída de la hoja

Para mí con independencia de lo que diga el calendario, el otoño no empieza hasta que el suelo se empieza a llenar de hojas amarillas. No comienza hasta que distingo mi reflejo en un charco, y siento el frío en mis manos.

Hoy me he quedado en casa, y he pasado la tarde haciendo fotos de hojas rescatadas del jardin. Cada día que pasa estoy más loco.

jueves, 16 de octubre de 2008

La sinceridad y los tópicos



Tengo que confesar que tengo una virtud y es que soy embustero, mendaz, fabulador, patrañero, ilusionista o cómo quieran llamarlo. Lo corriente es decir “tengo un defecto, soy sincero”, pero no, en mi caso no. Soy Pinocho hecho carne.
Frecuentemente los que se autodefinen adalides de la verdad, los que “dicen las cosas a la cara” y describen su cualidad cómo vicio, confunden la sinceridad con el insulto.
Cuando en una tienda mi mujer me pregunta:
- ¿Qué tal me queda?
Indefectiblemente le respondo que perfecto, cuando en realidad lo que quiero decir es:
- Paga y salgamos de aquí ya.
En mi descargo he de decir que este virtuosismo, es fruto de la educación recibida. De niño todo mi entorno era mentira. Los reyes magos, Papá Noel, Espinete, Peter Pan, la cuchara de la papilla que convertían en avión, los dragones, las hadas, los piratas que eran buenos, ratones que hablaban, mendigos que eran príncipes etc. Con esos antecedentes cómo quieren que diga la verdad, si mi infancia fue como el show de Truman en versión pocket.
Así que ahora, miento hasta cuando digo la verdad. Por poner un ejemplo diré que una vez di un golpe con el coche y todos sabréis que eso es falso, pues los accidentes de coche los provoca un duende con mil disfraces. ¿Conocéis alguien que haya confesado ser responsable de uno?
Cuantas veces hemos leído o escuchado una autodescripción con frases cómo “amigo de mis amigos” “la sinceridad ante todo”, que viene a ser cómo “el rey campechano” y “el marco incomparable”. Teniendo en cuenta que las “mentiras son piadosas” y la “verdad brutal”, que la farsa es una comedia y la realidad siempre está cruda, que “las verdades son cómo puños” y las mentiras se disfrazan con mil colores, la elección es clara. A mentir, que es más divertido.

A mi me caen mejor los mentirosos. Esos que engañan a su jefe diciéndole aquello que hace mal, aun sabiendo que un jefe jamás se equivoca. Los prefiero a esos que “con toda franqueza” le hablan al oído y son capaces de reírse abiertamente en varias ocasiones del mismo chiste. Ahora que caigo, además de ser un mentiroso compulsivo debo ser un envidioso de tomo y lomo y el caso es que no me causa ningún remordimiento.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Las fiestas de Azuqueca

Hoy con una "megacomida" en el parque de la quebradilla y los fuegos artificíales de esta noche, damos por concluidas las fiestas, de Azuqueca, pueblo en el que vivo desde hace 7 años.

Cómo no participo de los eventos taurinos, y no pertenezco a ninguna peña, sólo he participado/disfrutado de eventos cómo los conciertos de Sergio Dalma y el de "Los Delinqüentes", la verbena, las carrozas, etc...




Más fotos:

viernes, 29 de agosto de 2008

La muerte del hombre



Estoy en completo desacuerdo con la cita de hoy.


"No me preocupo. Un hombre sólo puede morir una vez; le debemos a Dios una muerte."
SHAKESPEARE, William


Ni creo deberle nada a Dios, pues intelectualmente soy incapaz de entender tal concepto y por ende no se puede estar en deuda con aquello que no existe. Ni creo que sólo tengamos una muerte. Por poner un ejemplo diré que él que ahora mismo horada la arena de esta duna con su humilde palo, atesora miles de muertes en sí mismo. Cada vez que perdemos un ser cercano, o se desvanece un recuerdo, o crece nuestro olvido, morimos.


Cuando alguien cercano se transforma o nuestra concepción de él varía, o cuando nos traicionan, morimos.


Si no podemos sentir con la intensidad que lo hicimos, aunque el músculo siga bombeando sangre, el corazón que fue, hoy ya no es.


Si no podemos correr como cuando eramos niños, nuestras carreras que existían ya no existen.


Y por si quedara alguna duda, dando por buena la sentencia de Descartes, "Cogito ergo sum" puedo garantizar que hay muchas personas que tienen atrofiada esa capacidad, por lo tanto se puede inferir que están muertos, por una mera transposición de términos. Basta con darse una vuelta por el Congreso.


Mi admirado William, morimos todos los días. El hombre que fui ayer, hoy ha muerto.

...y en polvo te convertirás


Hace casi nueve meses, en un día muy semejante al de hoy, en un rincón cubierto de arena escribí con este mismo palo, estás palabras:

A veces el desierto se transforma en un bosque, de abedules de hojas amarillas, salpicados de hayas ancianas con hojas sangrientas, que esperan el abrazo del otoño.

En esta infinita arboleda duermen los violines, mientras el aire se puebla de fantasmales notas musicales que intentan despertarlos.

Allí en un rincón, un stradivarius, acurrucado en la falda de un abedul, recuerda la amada mano que acarició sus cuerdas. Caricias que pagó siempre con los más hermosos sonidos que su alma era capaz de crear.


Pronto, el musgo que ya cubre el barboquejo y trepa hacia su cordal, cubrirá su cuerpo y en su inexorable ascenso, lo vestirá de verde desde la escotadura a la tabla de armonía. La humedad desfigurará su antaño noble madera, irá llenando de grietas el brillante barniz de su cara y poco a poco se irá pudriendo hasta fundirse cariñosamente con la tierra.

viernes, 18 de julio de 2008


La noche, la música, la luna y el café de las 6:30 de la tarde me llevaron anoche por el camino del insomnio. Sumergido en la lectura, huyendo del teclado, me atrapa una idea. He oído en una de esas conversaciones de oficina la frase "¿Qué mundo van a heredar nuestros hijos?".
Cómo siempre le doy la vuelta, en realidad pienso que el mundo no lo heredamos de nuestros padres, si no que nos lo han prestado nuestros hijos.
Al final no resisitía la tentación y subí a acariciar las negras teclas, pero no sé si fue la empanada del sueño, la noche, la empanada de noche o que tengo dos hijos haciendo la mili en Móstoles, el caso es que no llegué a publicar el post que se quedó en la carpeta de borradores y ha muerto. Sólo he salvado la idea primigenia y la foto.

lunes, 14 de julio de 2008

El tiempo


Al preguntarle a un amigo esta mañana, que hacía, me contestó que matar el tiempo. La "mórbida" ha puesto en marcha una de sus paranoias.

Batalla perdida, amigo, le dije.

La "enfermiza", me trajo al consciente, aquella frase que leí en un antiguo reloj de sol, en un jardín asturiano. "Todas hieren, la última mata". Como en un tobogán sináptico, fueron brotando citas grandilocuentes, argumentos acertados, lecturas reposadas, reflexiones antiguas, manuales de autoayuda y palabras pronunciadas por gente muy sesuda. No verbalicé ninguna.

Si por casualidad lees estas líneas, mi buen comelitón te diré una obviedad muy trillada, aunque te destroce la película.
EL TIEMPO ES EL ASESINO

jueves, 10 de julio de 2008

El secreto de la luz















Esta lámpara vigila mis ratos de lectura, siempre que mis obligaciones paternofiliales me lo permiten y mi insomnio me acompaña.
Un día descubrí el secreto del equilibrista infatigable que me regala su luz.
Me apiadé de su destino de Sísifo incandescente y me fui a dormir. Ahora cada vez que nos reunimos, le saludo con los ojos y sé que leemos juntos.
La sonrisa etrusca le encantó. El de Eragón por el contrario, le aburrió tanto que estuvo a punto de fundirse (creo que es el único que no hemos terminado).

lunes, 7 de julio de 2008

Dejaview


Hace tiempo, en el otro extremo del desierto, me ocurrió lo mismo que hoy. Mientras tecleo, un mirlo de ojos azules me observa impasible. Eso me hace recordar, las líneas que escribí:
"Llevo media hora en mi duna, aporreando el teclado, y cada vez que levanto la vista le veo, quieto, inmóvil y firme sobre el tejadillo de enfrente. Parece mirarme. Los hombres azules lo interpretarían cómo una señal. La impropia quietud del espíritu del ave, igual que el resto de las manifestaciones discordantes de la naturaleza, siempre se ha traducido cómo una revelación de los poderes ignotos, o pistas ocultas enviadas por los dioses, que nos revelaban el porvenir. Justo ahora levanta el vuelo.
No interpreto, simplemente lo disfruto. La veloz huída, tiene una explicación prosaica, que lentamente se acerca por el caballete, silenciosa y elegante. Es la gata que viene de vez en cuando a mi oásis, para aliviarse. "

En esta ocasión, la felina se hace esperar, y el mirlo sigue mirándome. Desconozco las señales, así que no me queda más remedio que resignarme a mi Maktub.

sábado, 9 de febrero de 2008

La frontera

Al salir de mi jaima veo una duna nueva, formada por palabras germinadas a deshora.
En un lugar ajeno, alguién ha trazado una línea sobre un papel.
Camino y sin saberlo cruzo la división, siento hambre y frío. Vuelvo sobre mis pasos y la sensación desaparece.
Ha nacido una frontera