Una perla al día

viernes, 29 de agosto de 2008

Las 50 mejores fotografías de la Historia


Siempre he sido enemigo de los ranking que añaden la oronda palabra Historia en su enunciado. No se si serán las mejores, si están todas las que deben, si falta alguna...pero lo que si sé es que merece la pena echar un vistazo a estas dos presentaciones, que gracias a un canonista de pro bonistar1974 he descubierto esta mañana.

La muerte del hombre



Estoy en completo desacuerdo con la cita de hoy.


"No me preocupo. Un hombre sólo puede morir una vez; le debemos a Dios una muerte."
SHAKESPEARE, William


Ni creo deberle nada a Dios, pues intelectualmente soy incapaz de entender tal concepto y por ende no se puede estar en deuda con aquello que no existe. Ni creo que sólo tengamos una muerte. Por poner un ejemplo diré que él que ahora mismo horada la arena de esta duna con su humilde palo, atesora miles de muertes en sí mismo. Cada vez que perdemos un ser cercano, o se desvanece un recuerdo, o crece nuestro olvido, morimos.


Cuando alguien cercano se transforma o nuestra concepción de él varía, o cuando nos traicionan, morimos.


Si no podemos sentir con la intensidad que lo hicimos, aunque el músculo siga bombeando sangre, el corazón que fue, hoy ya no es.


Si no podemos correr como cuando eramos niños, nuestras carreras que existían ya no existen.


Y por si quedara alguna duda, dando por buena la sentencia de Descartes, "Cogito ergo sum" puedo garantizar que hay muchas personas que tienen atrofiada esa capacidad, por lo tanto se puede inferir que están muertos, por una mera transposición de términos. Basta con darse una vuelta por el Congreso.


Mi admirado William, morimos todos los días. El hombre que fui ayer, hoy ha muerto.

...y en polvo te convertirás


Hace casi nueve meses, en un día muy semejante al de hoy, en un rincón cubierto de arena escribí con este mismo palo, estás palabras:

A veces el desierto se transforma en un bosque, de abedules de hojas amarillas, salpicados de hayas ancianas con hojas sangrientas, que esperan el abrazo del otoño.

En esta infinita arboleda duermen los violines, mientras el aire se puebla de fantasmales notas musicales que intentan despertarlos.

Allí en un rincón, un stradivarius, acurrucado en la falda de un abedul, recuerda la amada mano que acarició sus cuerdas. Caricias que pagó siempre con los más hermosos sonidos que su alma era capaz de crear.


Pronto, el musgo que ya cubre el barboquejo y trepa hacia su cordal, cubrirá su cuerpo y en su inexorable ascenso, lo vestirá de verde desde la escotadura a la tabla de armonía. La humedad desfigurará su antaño noble madera, irá llenando de grietas el brillante barniz de su cara y poco a poco se irá pudriendo hasta fundirse cariñosamente con la tierra.

Insomnio


Llevo desde las 4 oyendo música. A mi insomnio tradicional, hoy se añade la vuelta a la rutina de los viernes malditos. Aunque me acosté pasada la media noche, no he podido conciliar ni siquiera mis 5 horas habituales. Así que he dedicado el alba a contestar comentarios pendientes, bucear en páginas habitualmente terapéuticas y buscar el efecto balsámico de algunas músicas. Esfuerzo inútil, así que una ducha un cafetito y a currar.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Compartir humor


De vez en cuando recibo correos que me hacen sonreír, la mayor parte de ellos, hallazgos de mi buen amigo, José Félix Mata, avezado navegante de las procelosas aguas de Internet. Normalmente las cuelgo en "la sonrisa del camello" para todo aquel que quiera verlas y no hago referencias desde esta duna, si bien es cierto, que todo lo que me envía merece la pena.
Así que si queréis ver la última, de un robot casi humano basta con que pinchéis.
Gracias campeón.

lunes, 25 de agosto de 2008

Plegarias en saco roto


Hay muchos estudios sesudos, cuyo resultado final, el common sense predice sin fallo alguno. Mi favorito es uno, en el cual un científico becado dedicó tres años de su vida, para comprobar como afectaba a la alimentación de su gato que el estuviera afeitado o no. Evidentemente al gato le era indiferente el aseo facial de su dueño.

Paseando por el libro de notas de Antonio Martínez Ron en su guía para perplejos, me encuentro con un estudio de sir Francis Galton encaminado a comprobar si las plantas que recibían sus oraciones crecían con mayor fuerza. Después de su predecible fracaso, el profesor Galton decidió proseguir su investigación con personas. La conclusión, como no podía ser de otra manera, tal y como dedujo el irónico profesor fue que la oración a Dios no parecía tener efecto alguno sobre el crecimiento de las plantas ni sobre la salud de las personas.
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El cementerio de los libros olvidados


En la famosa novela de Carlos Ruiz Zafón, aparece una imagen mucho más idealizada de una vetusta librería y todos los lectores piensan que no existe el cementerio de los libros, pues se equivocan.

La foto tomada por Sweet Juniper, muestra el interior del depósito municipal de libros escolares de Detroit.

Juniper se coló dentro y colgó en Flikr el resultado de su allanamiento. Miles de libros abandonados, por el suelo. Hace 20 años, éste era el lugar donde se guardaban los textos escolares, la dejadez de la administración y posiblemente intereses espúreos terminaron por convertirlo en un edificio fantasma.

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