Una perla al día

martes, 7 de abril de 2009

De niños y perros



Una entrada del blog Cristina, me hizo pensar en lo similar que es el comportamiento y la educación de niños y perros. Alguno se echa las manos a la cabeza, pero el paralelismo es innegable. En ambos casos hay que mostrarles con firmeza, la línea que separa lo que está bien de lo que está mal y ellos van creciendo pasando de un lado a otro de esa frontera constantemente. La enseñanza debe ir acompañada más por el cariño que por la disciplina inglesa, más por el razonamiento que por la imposición. Es una tarea tan díficil, que por eso profeso una profunda admiración a aquellos que dedican su vida a enseñar.





Siempre pensé que el 90% de lo que somos depende de nuestra formación (moral, emocional e intelectual), hasta que mi hija me ha demostrado que los componentes biológicos tienen más relevancia que ese pírrico 10% que por convencimiento teórico le asignaba.
En los perros sucede igual, los hay más dóciles que asimilan y acatan antes las normas y los hay más traviesos que tarde o temprano te la lían.
Mi hija, que en ocasiones es un ángel al que idolatro, a veces se convierte en la famosa niña del exorcista (si no que se lo pregunten al dentista), pero aún así, intento educarla sin perder de vista nunca que es una persona distinta a mi, que no es una prolongación nuestra y que necesita su espacio.
No entiendo a esos padres cuya única meta es hacer que sus hijos sigan el camino que ellos no tomaron y que sacrifican la infancia de sus vástagos en pro del objetivo.
No deseo que mi hija triunfe dónde fracasé, ni que sueñe lo mismo que yo, ni siquiera llevarla de la mano por las baldosas amarillas, me conformo con acompañarla en una parte de su recorrido y si puedo, apartar algunas piedras o ayudarla a levantarse si cae.



3 comentarios:

Cristina Catarecha dijo...

Enseñar a volar.
Algunos nos caímos desde lo alto de un campanario pero nos recuperamos y aprendimos a volar más tarde que pronto. El resultado es lo que cuenta, eso me decían a mi de pequeña.
La capacidad para acompañar el camino de los hijos no todos la poseen (es evidente que muchos aún no se han enterado); no se puede sembrar sin simientes, aunque sí facilitar el camino para conseguirlas y ni eso hacen algunos.
Esos padres, Arturo, que vuelcan su sed insatisfecha en sus hijos, lo que consiguen es inundar campos dónde reflejar su propia imagen sin ver que, con ello, tan sólo consiguen ahogar la vida de sus hijos.
Son incapaces de ver en esos hijos seres independientes con necesidades, muy probablemente, nada semejantes a las suyas.
Sembrar libertad y aprender de lo que sus hijos son capaces pero.....eso no parece tarea fácil :-).
Muy bonita reflexión, Arturo.
Un abrazo de mi parte y muchos golpes de cola de Pipo, que está muy de acuerdo por la parte que le toca :XD.

AqUÍstOYyO dijo...

Hace tiempo, un gran amigo mío, me decía que a los hijos no hace falta educarlos. Yo no lo entendía porque no tenía hijos. Pero ahora me doy cuenta de lo que quería decir: Basta con ser modelo. Un modelo que derrocha "consideración por los demás y sentido del honor"- como apunta nuestra amiga Marié- es capaz de crear un entorno en el que los límites son aceptados de forma natural.

En verdad, acompañar a un crío/a en sus primeros caminos es una difícil aventura cargada de satisfacciones.

AqUÍstOYyO dijo...

Tu entrada me hizo recordar este poema de Khalil Gibran. A pesar de la traducción sigue pareciéndome muy bello.

TUS HIJOS


Tus hijos no son tus hijos

son hijos e hijas de la vida

deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti

y aunque estén contigo

no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,

pero no tus pensamientos, pues,

ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,

pero no sus almas, porque ellas,

viven en la casa del mañana,

que no pueden visitar

ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,

pero no procures hacerlos semejantes a ti

porque la vida no retrocede,

ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual, tus hijos

como flechas vivas son lanzados.

Deja que la inclinación

en tu mano de arquero

sea para la felicidad.