Una perla al día

viernes, 1 de mayo de 2009

El silencio y sus espejos


De madrugada, cuando sólo escucho el crepitar del teclado bajo mis dedos, antes de ponerme los cascos, escucho el silencio. Se va reflejando en miles de pequeños espejos sonoros que la noche amplifica, mientras el cenicero se va poblando cómo la plaza del mercado a primera hora de la mañana.
Esa ausencia de ruido, necesita de pequeños sonidos que la hagan presente, cómo una soledad acompañada. Es entonces y sólo entonces cuando soy consciente de que estoy vivo.
Mientras los demás duermen, me pongo los cascos, suena el nessum dorma y se entrecruzan las paradojas. Se hace el silencio absoluto escuchando música, una música donde el tenor pide "que no duerma nadie" y sólo yo permanezco despierto.

2 comentarios:

AqUIEstOYyo dijo...

Mucho más que un poema es esta conmovedora descripción de la melancólica belleza de la soledad.

Permanecer despiertos y escucharnos a nosotros mismos son vías para sentirnos vivos y no limitarnos a meramente sobrevivir.

Un beso.

Arturo dijo...

Gracias por tus palabras.