Una perla al día

lunes, 7 de julio de 2008

Dejaview


Hace tiempo, en el otro extremo del desierto, me ocurrió lo mismo que hoy. Mientras tecleo, un mirlo de ojos azules me observa impasible. Eso me hace recordar, las líneas que escribí:
"Llevo media hora en mi duna, aporreando el teclado, y cada vez que levanto la vista le veo, quieto, inmóvil y firme sobre el tejadillo de enfrente. Parece mirarme. Los hombres azules lo interpretarían cómo una señal. La impropia quietud del espíritu del ave, igual que el resto de las manifestaciones discordantes de la naturaleza, siempre se ha traducido cómo una revelación de los poderes ignotos, o pistas ocultas enviadas por los dioses, que nos revelaban el porvenir. Justo ahora levanta el vuelo.
No interpreto, simplemente lo disfruto. La veloz huída, tiene una explicación prosaica, que lentamente se acerca por el caballete, silenciosa y elegante. Es la gata que viene de vez en cuando a mi oásis, para aliviarse. "

En esta ocasión, la felina se hace esperar, y el mirlo sigue mirándome. Desconozco las señales, así que no me queda más remedio que resignarme a mi Maktub.

2 comentarios:

AqUÍstOYyO dijo...

A ese mirlo no hay gato que le asuste. Es un descarado.
Por cierto, ¿Quiénes son los hombres azules?.
Me encanta la palabra Maktub, creo que le dedicaré una entrada si consigo hacerme con todo su significado.

Arturo dijo...

Los hombres azules son los tuaregs. El pueblo más orgulloso del desierto. A mi también me gusta la palabra y espero impaciente esa entrada tuya.