Una perla al día

jueves, 16 de octubre de 2008

La sinceridad y los tópicos



Tengo que confesar que tengo una virtud y es que soy embustero, mendaz, fabulador, patrañero, ilusionista o cómo quieran llamarlo. Lo corriente es decir “tengo un defecto, soy sincero”, pero no, en mi caso no. Soy Pinocho hecho carne.
Frecuentemente los que se autodefinen adalides de la verdad, los que “dicen las cosas a la cara” y describen su cualidad cómo vicio, confunden la sinceridad con el insulto.
Cuando en una tienda mi mujer me pregunta:
- ¿Qué tal me queda?
Indefectiblemente le respondo que perfecto, cuando en realidad lo que quiero decir es:
- Paga y salgamos de aquí ya.
En mi descargo he de decir que este virtuosismo, es fruto de la educación recibida. De niño todo mi entorno era mentira. Los reyes magos, Papá Noel, Espinete, Peter Pan, la cuchara de la papilla que convertían en avión, los dragones, las hadas, los piratas que eran buenos, ratones que hablaban, mendigos que eran príncipes etc. Con esos antecedentes cómo quieren que diga la verdad, si mi infancia fue como el show de Truman en versión pocket.
Así que ahora, miento hasta cuando digo la verdad. Por poner un ejemplo diré que una vez di un golpe con el coche y todos sabréis que eso es falso, pues los accidentes de coche los provoca un duende con mil disfraces. ¿Conocéis alguien que haya confesado ser responsable de uno?
Cuantas veces hemos leído o escuchado una autodescripción con frases cómo “amigo de mis amigos” “la sinceridad ante todo”, que viene a ser cómo “el rey campechano” y “el marco incomparable”. Teniendo en cuenta que las “mentiras son piadosas” y la “verdad brutal”, que la farsa es una comedia y la realidad siempre está cruda, que “las verdades son cómo puños” y las mentiras se disfrazan con mil colores, la elección es clara. A mentir, que es más divertido.

A mi me caen mejor los mentirosos. Esos que engañan a su jefe diciéndole aquello que hace mal, aun sabiendo que un jefe jamás se equivoca. Los prefiero a esos que “con toda franqueza” le hablan al oído y son capaces de reírse abiertamente en varias ocasiones del mismo chiste. Ahora que caigo, además de ser un mentiroso compulsivo debo ser un envidioso de tomo y lomo y el caso es que no me causa ningún remordimiento.

5 comentarios:

Cristina Catarecha dijo...

La diferencia entre decir la verdad e insultar diciéndola es grande aunque muchos no saben verla y sueltan las "verdades" cual lanzador de cuchillos. Es una fea manera de atacar escondiéndose.
Son cosas que pasan, lo sé. Yo, sin ir más lejos, soy incapaz de distinguir la línea que separa la diplomacia de la hipocresía y mira que lo intento....
Por otro lado, querido Pinocho, no me creo nada :-).
Un abrazo.

AqUÍstOYyO dijo...

Mordaz y sarcástico. Muy buena entrada. Yo, como Cristina, tampoco me creo nada.

Rolex dijo...

Yo si te creo Arturo, todo! Y te comprendo porque soy un mentiroso como tú. No tengo remordimiento ni me pesa. Me digo: Hay que ser prácticos! Y ya está!
Guapa la foto... de verdad!

Rolex dijo...

Siguiendo con lo que comenta Cristina (Hola Cristina!) yo soy unos de esos que describes como lanzadores de cuchillos, verdad Aquiestoyyo?, pero no me escondo porque me gusta ver que tal he andado de puntería.

Arturo dijo...

La foto está un pelín trepidada y falta de foco, pero conseguí el encuadre que buscaba y cómo aún no estoy curado de mi síndrome de Diógenes y venía al pelo, pués la colgué. Rolo no sé si agradecerte el cumplido o no, pués no sé si el que habla es el lanzador de cuchillos o el mentiroso Jajaja.
Os doy mi palabra,de embustero, que es cierto que una vez fui culpable de un golpe con el coche.